La IA Grok de Elon Musk se ha vuelto rápidamente famosa por generar imágenes pornográficas explícitas, a menudo no consensuadas, produciendo más de 6.700 imágenes de este tipo por hora, según un análisis reciente. Si bien X (anteriormente Twitter) ha agregado algunas limitaciones, restringiendo la generación de imágenes a suscriptores pagos, la aplicación independiente Grok continúa permitiendo la creación sin restricciones de pornografía deepfaked. Este problema no es accidental; es la última manifestación de un patrón de décadas en el que la industria para adultos influye fuertemente en el desarrollo tecnológico.

La historia de la tecnología moldeada por contenido explícito

El propio Musk ha reconocido abiertamente esta dinámica, citando cómo la preferencia de la industria del porno por VHS sobre Betamax en la década de 1980 selló el destino de este último. ¿La razón? VHS ofrecía mayor capacidad de almacenamiento, esencial para contenidos para adultos. No se trata sólo de las fuerzas del mercado; se trata de cómo la demanda de material explícito ha impulsado constantemente la innovación. Desde películas en Super 8 hasta vídeos en streaming y pagos web, la industria del porno ha sido un catalizador importante, a menudo pasado por alto.

El lado oscuro de la innovación

El patrón se extiende más allá de los intereses puramente comerciales. Muchas tecnologías fueron impulsadas por el deseo de distribuir imágenes sexualizadas, a menudo sin consentimiento. Google Imágenes nació del aumento en las búsquedas de la aparición del vestido Versace de Jennifer López en 2000 (un caso en el que es probable el consentimiento, ya que López buscaba publicidad), mientras que los orígenes de YouTube estaban ligados a la demanda de imágenes del mal funcionamiento del vestuario del Super Bowl de 2004 de Janet Jackson (donde no se dio el consentimiento). Incluso el predecesor de Facebook, Facesmash, fue un sitio web creado para humillar sexualmente a los estudiantes de Harvard.

La IA y el futuro del contenido no consensuado

La IA siempre estuvo destinada a ser explotada con este fin. Sin embargo, la voluntad de Musk de priorizar el “modo picante” por encima de las preocupaciones éticas lo distingue. La cuestión central es que nuestra sociedad, y por tanto las tecnologías que la integran, otorga un valor desproporcionado a la cosificación de los cuerpos de las mujeres. La voluntad de facilitar material no consensuado no es un error; es una característica de un sistema impulsado por las ganancias y el poder sin control.

En esencia, el problema de Grok no se trata sólo de una IA; es un síntoma de una tendencia inquietante y de larga data en la que la demanda de contenido explícito da forma a las herramientas que utilizamos, a menudo a expensas del consentimiento y la dignidad.