Starcloud, una startup que tiene como objetivo implementar centros de datos en el espacio, ha obtenido 170 millones de dólares en financiación Serie A, lo que eleva el total recaudado a 200 millones de dólares. Esta inversión valora a la empresa en 1.100 millones de dólares, lo que marca un rápido ascenso para el graduado de Y Combinator. La medida pone de relieve el creciente interés en la computación orbital a medida que la expansión terrestre enfrenta crecientes obstáculos logísticos y políticos. Sin embargo, la viabilidad de este modelo de negocio depende de la superación de importantes desafíos tecnológicos y financieros.

Infraestructura orbital: una nueva frontera

Starcloud ya lanzó su primer satélite con una GPU Nvidia H100 en noviembre de 2025, demostrando sus primeras capacidades. La compañía planea implementar un Starcloud 2 más potente a finales de este año, con chips Nvidia Blackwell, servidores blade AWS e incluso hardware de minería de bitcoins. El objetivo final es Starcloud 3, una nave espacial de 200 kilovatios diseñada para su despliegue a través del cohete Starship de SpaceX.

Esta visión depende en gran medida de que SpaceX brinde acceso frecuente y de bajo costo a la órbita. Actualmente, el costo sigue siendo prohibitivo: el director ejecutivo Philip Johnston estima que los centros de datos orbitales no serán competitivos hasta que los costos de lanzamiento bajen a alrededor de 500 dólares por kilogramo, un escenario poco probable antes de 2028-2029. Hasta entonces, Starcloud seguirá lanzando versiones más pequeñas en cohetes Falcon 9.

El negocio de la informática espacial

La estrategia de Starcloud implica dos fuentes principales de ingresos: vender potencia de procesamiento a otras naves espaciales y, eventualmente, competir con centros de datos terrestres una vez que bajen los costos de lanzamiento. La compañía ya ha demostrado la viabilidad de ejecutar GPU avanzadas en órbita, entrenar un modelo de IA en el espacio por primera vez y ejecutar una versión de Gemini.

Sin embargo, la industria aún está en su infancia. La reciente presentación por parte de Nvidia de sus módulos de chip Vera Rubin Space-1 carecía de detalles concretos de producción, y el número de GPU avanzadas actualmente en órbita sigue siendo de docenas, eclipsado por los millones vendidos para uso terrestre. La producción de energía espacial también es minúscula en comparación con los centros de datos a escala de gigavatios que se construyen en la Tierra.

Competencia y desafíos

Starcloud no está solo en este esfuerzo. Empresas como Aetherflux, Project Suncatcher de Google y Aethero también están desarrollando tecnologías de centros de datos espaciales. El mayor competidor sigue siendo la propia SpaceX, que ha buscado la aprobación para una constelación de un millón de satélites para la computación distribuida.

Johnston cree que Starcloud puede coexistir con SpaceX centrándose en la infraestructura y el suministro de energía, mientras que SpaceX apunta a cargas de trabajo internas para Grok y Tesla. De todos modos, persisten importantes obstáculos técnicos: la generación eficiente de energía, la gestión térmica y la sincronización de clústeres de GPU distribuidos en órbita requerirán más innovación.

“Si termina retrasándose, continuaremos lanzando las versiones más pequeñas en Falcon 9”, dijo Johnston. “No seremos competitivos en costos de energía hasta que Starship vuele con frecuencia”.

El desarrollo de centros de datos espaciales es un proyecto ambicioso y a largo plazo. Si bien Starcloud ha logrado avances iniciales, su adopción generalizada depende de la maduración de los sistemas de lanzamiento reutilizables y de los continuos avances tecnológicos.

La carrera para poner en órbita la potencia informática está en marcha, pero el cronograma para lograr una verdadera competitividad en costos sigue siendo incierto.