Elon Musk acaba de perder su batalla por los 150.000 millones de dólares.
Fue rápido. Poco ceremonioso. El veredicto llegó el lunes.
Después de tres semanas de escuchar los testimonios de Musk, Sam Altman y Satya Nadella, un jurado de nueve miembros en Oakland decidió que su caso estaba cerrado desde el principio. Sólo dedicaron dos horas a la deliberación. Dos. ¿La razón? Momento. Puramente sincronización.
Musk quería que se indemnizara por que OpenAI pasara de una estructura sin fines de lucro a una que permitiera la distribución de ganancias bajo una junta sin fines de lucro. Argumentó que realmente no se dio cuenta de que ChatGPT se había alejado de sus raíces caritativas hasta una inyección de $10 mil millones de dólares de Microsoft en 2023. Fue entonces cuando, en su mente, la trampa se cerró de golpe.
El tribunal no lo aceptó.
Todo dependía del plazo de prescripción. ¿Había esperado demasiado? La fiscalía se esforzó por decir que no. Que a Musk no le preocupaba que Microsoft “capturara” la empresa antes de 2023. Intentaron pintar una imagen de descubrimiento repentino.
Solo estaba ese tweet de 2020.
Musk se había preocupado explícitamente por esa captura en 2020. Un solo tweet socavó su narrativa. Sus abogados en el tribunal dijeron a los periodistas que apelarían. Tienen que hacerlo. ¿Qué más queda?
En teoría, el voto del jurado fue sólo consultivo. La jueza federal Yvonne González Rogers técnicamente podría haberlas anulado si no hubiera estado de acuerdo. Ella no lo hizo. Ella desestimó la demanda.
Ella demostró no ser amiga del multimillonario durante el proceso, incluso notando que él “no es abogado” a pesar de estudiar derecho en la universidad.
Musk tampoco ayudó. Se fue a China la semana pasada. El juez le había pedido explícitamente que permaneciera en la localidad por si le llamaban de nuevo. Él no escuchó. Los abogados de Altman lo utilizaron en sus argumentos finales. Destacaron cómo sus clientes se presentaron mientras su adversario se marchaba.
El jurado pareció estar de acuerdo con esa opinión. La rapidez del veredicto confirmó su desdén.
OpenAI sale ileso. Continúan avanzando hacia una posible oferta pública inicial de 1 billón de dólares. Podría ser la mayor IPO de la década.
Sam Altman también tiene motivos para respirar mejor. El equipo de Musk pasó semanas tratando de presentarlo como fundamentalmente indigno de confianza, haciéndose eco de temas de un artículo reciente del New Yorker. No funcionó. Altman acaba de felicitar al equipo por la última versión. Sin declaraciones dramáticas. Sólo trabaja.
Musk no ha tuiteado desde que se conoció el veredicto. El silencio parece apropiado para alguien cuyo sueño de mil millones de dólares acaba de chocar contra un muro legal.






























